Volver

Actualizado: 1 jun
Ese miércoles por la mañana terminé mi equipaje, haciendo pausas para responder correos, mensajes de whatsapp, sentarme un rato a repasar si me hacía falta algo, tomarme un café y reflexionar la vida mientras me echaba el último porro antes de salir, y cuando estuve listo para irme saqué una carta del tarot: La Paciencia.
Me reí. Sin sorpresa, sobre todo porque llevaba días agitado por volver. Ya en el aeropuerto me puse a leer sobre esa carta y el mensaje era clarísimo:
Hemos olvidado cómo esperar; es casi un asunto olvidado. Y nuestro tesoro más grande consiste en ser capaces de esperar el momento apropiado. Lo queremos todo deprisa.
En el silencio y la espera algo dentro de ti continúa creciendo: tu ser auténtico.
Yo seguía muy inquieto y con incertidumbre, así que leer eso se sintió como una respuesta.
Llegué a Madrid en los últimos días de Urano en Tauro. Contexto:
La última vez que estuve ahí en primavera fue dos años atrás. Fue un momento de mucha inspiración. Me permití priorizar la observación por encima de la necesidad constante de hacer. Y además recibí mis cuarenta años en Barcelona, bailando entre rayos láser, mini botellas de agua, un par de drags y unas rolotas en el Moog.
Regresé a México profundamente inspirado, con ganas de construir desde un lugar más honesto conmigo mismo. Sentí que algo dentro de mí se había acomodado distinto. Me di permiso de cambiar de opinión tanto como fuera necesario: la narrativa, la estética, la dirección, incluso la manera en la que entendía mi propia identidad creativa. Y descubrí mi voz.
A finales de ese mismo año volví a Madrid para producir unas editoriales especiales que me hicieron muy feliz y fueron motivación para seguir creando desde ese lugar, fluyendo. Al mismo tiempo empezó una época de cambios drásticos: momentos de crisis personal y profesional y de aceptación de mi realidad, durante un año. Urano ¡hdlch!
Esta última visita algo se sentía distinto. Volver me hizo darme cuenta de que el viaje ya no es solamente descubrimiento externo: es una especie de medición interna.
¿Quién era cuando vine por primera vez?
¿Quién soy ahora?
¿Qué cosas me siguen emocionando?
Últimamente siento que habito un espacio extraño.
Como si una versión de mí ya hubiera terminado, pero la siguiente todavía no terminara de aparecer. Llevo con libertad mi manera de crear y extender mi narrativa visual. Pero también me pregunto qué significa seguir deseando crear a los 42 años, cuando el mundo parece premiar únicamente la novedad y la juventud.
Volver me hizo preguntarme quién estoy intentando ser. A veces no sé si busco inspiración o simplemente razones para continuar. Crear durante tantos años requiere alimentar el fuego una y otra vez. Y la industria de la moda dejó de impresionarme hace tiempo. Lo que todavía me conmueve es sentirme vivo dentro de ella.
Hay una parte de mí que siente emoción genuina al estar en espacios creativos, rodeado de moda, arte, referencias, estímulos y posibilidades. Y otra que observa todo eso desde cierta distancia, preguntándose cuánto tiempo más quiere sostener ese ritmo interno de búsqueda constante. Es el miedo silencioso a perder el deseo.
Le he regalado muchos de los días de mi vida a Hibrido. Me entrego siempre con mucha pasión en el desarrollo de este universo, pero me he puesto en momentos que me han hecho sentir muy incómodo con todo. Y al mismo tiempo he podido explorar con asombro los caminos llenos de sorpresas en los que se ha convertido este proyecto. Y agradezco haberme saltado al vacío.
Pensaba en lo extraño que es intentar llevar una vida así, cuando constantemente te enfrenta con su propio patrón. Durante el viaje hubo momentos de incertidumbre en los que sentí que las cosas no salían y dudé mucho de todo. Pero también pasaba algo curioso: todos los días aparecía algo que me hacía volver a confiar y me regresaba a la paciencia.
Abusando de la fe en mí mismo, a diario me dedique a estar presente y vivirlo. Dejando de justificar que me pasen esas cosas chidas, que a esta edad sigo deseando. Como ir a un concierto en el Palau Sant Jordi o a la semana de la moda catalana.
En la experimentación he obtenido respuestas sobre mí mismo, he aprendido a perder el miedo a equivocarme y fracasar. Esto no siempre se vive como un sueño en el que todo sale a la perfección; muchas veces las cosas se sienten como una prueba. Aunque pienso que esas situaciones más bien son señales para hacer una pausa y preguntarnos si esa dirección es a la que queremos ir.
La última noche caminaba buscando donde tomar una cerveza y, escuché a un chico decirle en voz alta a su amigo: “¡es que Malasaña es cutre!”. Lo decía con orgullo. En esas calles hay un espíritu de libertad que se respira junto con el viento que resopla entre los callejones, y un poco en mí también. Y metafóricamente entendí y reflexioné lo que estaba experimentando en mi vida.
Ya a punto de regresar, sentado en el avión, vi la galería de mi celular. Me sentí muy agradecido. Por cómo la vida está pasando. Por dejarme ser y caminar, sin preguntar demasiado hacia dónde, simplemente plantándome en el presente y confiando… o como digo, abusando de la fe. Me doy cuenta de cuánta ayuda he recibido, hay mucha gente chida. Y agradezco el silencio y la espera. A pesar de todo.
No sé ni siquiera si ya tengo las respuestas que me faltaban, pero moverse siempre está bien.
Uno siempre vuelve.
-Elié Rodríguez















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